No pienses en esa vieja Orbea que tenias en el pueblo, ni siquiera en las Pinarello con las que ganó el Tour Indurain, el acero de hoy en día es ligero, rígido y está muy vivo!
Si piensas que las bicis de acero son solo bicis bonitas, estás muy equivocado. Con las gamas de tubería actuales con diametros oversize, ejes pasantes, la gran variedad de horquillas y las diferentes aleaciones que nos ofrecen los fabricantes podemos conseguir un rendimiento muy equiparable al de una bici de carbono pero con unas sensaciones completamente diferentes.
Por un lado una bici de acero es extremadamente cómoda por la capacidad de absorción del material ya que las vibraciones del terreno se disipan muy bien a través del cuadro y la fatiga corporal acumulada disminuye muchísimo. Las piernas te doleran igual, pero tu espalda, brazos, hombros y cuello lo notarán mucho.
Solemos hablar de la rigidez, pero poco hablamos de la flexibilidad de un cuadro. El acero tiene memoria. Algunos lo llaman "respuesta elástica", la tendencia del material a volver a su forma original cuando es deformado. Esto es la chispa que notas al pedalear en un cuadro de acero, esa sensación de que la bici te ayuda a pedalear y te pide que le pises más fuerte. Esto es lo que hace que la bici se pegue bien al suelo en las bajadas y que vaya hacia donde quieres en las curvas, el "flow".